¿Somos Dominicanos de Nacionalidad o de Nacimiento?

Por: Elis Peralta

En República Dominicana existe una población mixta que a los largo de los años se fue desarrollando. Los antecedentes de este país en varias oleadas migratorias de las Antillas Menores y el Norte de América Sur llegaron Amerindios con las denominaciones de: Guanahatabeyes, Siboneyes y Arawacos, que formaron los grupos Igneris, Subtaínos, Taínos y Ciguayos o Macoriges el cual Colón bautizó estos últimos con el nombre de Caribes por lo que hay una mezcla de razas ya que también fueron traídos a la isla por parte de colon Negros Africanos pero también negros franceses entre otros.

Esta mezcla de razas de negro y blanco aun siendo de diferente nación o país es lo que hace hoy en día no ser oriundo de dicha nacionalidad ósea no somos autónomos de la Republica Dominicana.

Hoy es un sistema mixto que permite la adquisición de la nacionalidad por consanguineidad y también por nacimiento, a menos que los padres sean diplomáticos, personas en tránsito o que residan ilegalmente en nuestro país, de acuerdo al artículo 18 de la Constitución.

Nuestro sistema es similar a la gran mayoría de los países del mundo y a muchos de esta misma región que permiten también un Jus Solis condicionado como Chile, donde los hijos de transeúntes no son chilenos; Bahamas, donde al menos uno de los padres debe tener la nacionalidad o hay que esperar a los 18 años para solicitarla; Colombia, donde se requiere que alguno de los padres estuviese domiciliado en la República en el momento del nacimiento; Surinam, donde el que nace no puede tener nacionalidad de otro país.

En Haití no hay Jus Solis de tipo alguno. Solamente opera el Jus Sanguinis o consanguineidad según el artículo 11 de su Constitución, por lo que el que nace en Haití no es haitiano si sus padres no lo son y la nacionalidad haitiana persigue al hijo de haitianos sin importar dónde nazca. En este caso y contemplando lo que establecimos de Surinam en el párrafo anterior, un hijo de haitiano que nazca en Surinam, como en Haití se adquiere automáticamente y únicamente por consanguineidad, no califica para obtener la nacionalidad de la isla.

Muchos de los países de América son los que conforman la minoría mundial de los que conceden el Jus Solis automático, pero lo contrarrestan con leyes migratorias muy estrictas y medidas disuasivas. En Paraguay, por ejemplo, la ley es tan dura que incluso castiga a dueños de hoteles que hospeden inmigrantes en situación irregular, y en México hay un artículo sorprendentemente discrecional en su Constitución, el 33, que permite al Ejecutivo expulsar sin juicio previo a cualquier extranjero cuya permanencia entienda inconveniente.

Por tantos problemas que ocurren con el tema migratorio en países que aún contemplan el Jus Solis automático (como las constantes denuncias de atropellos e irregularidades respecto a colombianos deportados desde Venezuela o indígenas de Perú), la tendencia mundial es hacia la desaparición de ese sistema, como ocurrió en Irlanda y Nueva Zelanda y como se contempla en propuestas que se debaten actualmente en varios países, incluyendo Estados Unidos.

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